Pago de Larrainzar

Para obtener toda su esencia le hemos robado el alma al bosque, a la bruma y a la tierra. Y aún hay quien insiste en llamarlo vino!!! Es mucho más que eso. Es el alma de la familia Canalejo y el homenaje a su tierra. El monasterio benedictino de Irache en Ayegui, próximo a la ciudad de Estella en el camino de Santiago (hospital de peregrinos), al abrigo de Montejurra, rodeado de viñedos, es mudo testigo de piedra del jardín vitivinícola donde se experimenta con las distintas variedades tempranillo, merlot, cabernet sauvignon y garnacha y las diferentes maneras de cultivo de las mismas, desde la plantación en vaso en distintos tipos de espaldera con varios brazos y varias yemas, son algunas de las variantes que se utilizan por esta bodega navarra para saber cuál es el mejor modo de cultivo y así conseguir un rendimiento óptimo y mejor calidad en las uvas, para conseguir sus vinos Raso y Pago de Larrainzar.

Ahora se hace realidad un sueño, que comenzó aquí mismo hace 150 años con otro soñador Larrainzar enamorado de su tierra Navarra, al igual que el actual propietario que, junto a sus hijos Miguel e Irene, ha sabido mantener el espíritu y arrojo de sus ancestros para que no se perdieran esos viñedos que hoy nos hacen disfrutar de sus vinos Raso y Pago de Larrainzar.

VINOS

  • Pago de Larrainzar.- Destaca por su limpieza y elegancia en nariz. En boca entra silencioso, pero se abre en medio de la boca, resultando muy gustoso. Vuelven las notas minerales, de talco, la ciruela madura y al fondo, ligeros tostados y recuerdos de carbón. Tiene una buena estructura, pero no molesta, ya que los maduros taninos acompañan al vino por toda la boca, sin hacerse presentes al final. Complejo y largo postgusto.
  • Pago de Larrainzar Reserva Especial.- Ya podemos hablar de un “aroma de la casa”, donde destaca el buen equilibrio entre tierra-uva-crianza. Mineralidad en sus tonos calizos, fruta roja muy fresca y al fondo madera tostada. La elegancia en boca también es una característica de los Larrainzar, y aquí se aprecia bien. Entrada discreta que va creciendo hasta el centro del paladar inundando de fruta, dejando las notas de su crianza para el final boca. Largo y placentero postgusto.
  • Raso de Larrainzar.- Engancha desde la primera aproximación a la nariz, con un sutil aroma de fruta roja y mantecados. Al abrirse, se aprecia la complejidad, apareciendo claramente la influencia del monte bajo – tomillo seco, espliego- fruta más concentrada y mineralidad. La fase en boca completa el deleite. Con gran equilibrio y elegancia, se pasean todas las notas de la fase olfativa – frutas, cremas y hierbas aromáticas- dejando huella pero sin molestar, en justa medida de placer. Un gran vino con el que disfrutar.